
El 8 de noviembre de 1996, obtuve el doctorado en Biología por la Universidad de Barcelona con la tesis:
Junyent (1996): Biodemografía de la isla de El Hierro. Una historia demográfica y genética de la isla del meridiano. Universitat de Barcelona (Índice)
Director: Jaume Bertranpetit
Tutora: Clara García-Moro
Tribunal: Josep Pons, presidente; Miquel Hernández, secretario; Augusto Abade, Universidade de Coimbra; Maria Cruz Giménez, Universidad de La Laguna; Oriol Vall, Universidad Autónoma de Barcelona
Calificación: Sobresaliente Cum laude por unanimidad
Posteriormente publiqué un libro con la información de la tesis ampliada: Entre lajiales y brumas (2012).
El Hierro es una isla atlántica, la más pequeña y alejada de Canarias.
El archipiélago fue poblado desde el norte de África por amazighs, que mantuvieron su tecnología neolítica hasta que el archipiélago fue redescubierto y colonizado por europeos, quienes les trasladaron sin solución de continuidad a una sociedad del Antiguo Régimen.
Este cambio social fue acompañado por un cambio demográfico, ya que la población prehispánica mermó notablemente en su contacto con los españoles. Los aborígenes canarios sufrieron con el mismo rigor que los americanos la llegada de los europeos (Macías Hernández, 1992:33).
Durante los dos siglos siguientes al redescubrimiento la población de El Hierro se mantuvo escasa; no fue hasta finales del siglo XVI y principios del XVII cuando la población creció. Y, a partir del momento en que se consolidó, las condiciones de la isla no permitieron la absorción de más población, de modo que apenas se registran entradas de gentes foráneas.
En paralelo, cuando las Canarias fueron redescubiertas en el siglo XV, pasaron a ser tierra de frontera. Pero por poco tiempo, porque el descubrimiento de América las situó en la encrucijada de tres continentes conectados por un océano, un espacio abierto con un distintivo de movilidad. De los tres continentes involucrados, uno era de partida: Europa; otro de escala, África; y un tercero de arribada, América.
Los destinos vinieron determinados por las corrientes y los vientos, que trazaban las rutas. Así, la historia atlántica es, en el sentido más amplio, la de la creación, destrucción y recreación de comunidades como resultado del movimiento, a través y alrededor de la cuenca atlántica, de pueblos, mercancías, prácticas culturales e ideas (Elliott, 2010:14).
Sin embargo, la isla de El Hierro se mantuvo aislada de las rutas comerciales; no se integró en el comercio de productos como la caña de azúcar o el vino, que sí se cultivaban y exportaban desde otras islas del archipiélago, como Gran Canaria, Tenerife, La Palma o La Gomera. De modo que la población humana de la isla ha visto afectada a lo largo de su historia por un fenómeno de aislamiento mayor que otras islas del archipiélago; para llegar a ella en transporte regular hay que pasar por Tenerife y La Palma o La Gomera. Por lo tanto se dice que ha estado afectada por un aislamiento crónico derivado de una doble o triple insularidad.
Por otra parte, el terreno agreste bañado por la bruma o peinado por los vientos, y no demasiado generoso, condicionó a los herreños un desarrollo agrícola prácticamente de subsistencia. La cabaña ovina se desarrolló lo suficiente para exportar alguna cantidad de lana. Estas condiciones ajustadas entre esfuerzos y recursos mantenían a la población vulnerable a casi cualquier crisis. Y cuando las condiciones se volvían demasiado difíciles, esta vulnerabilidad les empujaba a dejar la isla, a emigrar.
Este carácter periférico y las difíciles condiciones de la isla han marcado a la población histórica con una fuerte endogamia y una elevada emigración, sobre todo a Cuba y a Venezuela. Mientras que la forma de vida en la isla permaneció aparentemente invariable, ya que la población tuvo un comportamiento bastante similar desde el redescubrimiento de la isla por la población hispánica hasta tiempos muy recientes. Permanecieron con los arados romanos y casi sin emplear dinero hasta que llegaron los tractores, en la década de 1960. La luz eléctrica no fue general hasta la década siguiente.
De esta población hemos estudiado las partidas matrimoniales, desde 1625 hasta 1985, por el acceso a los libros de matrimonio que nos permitió el Obispado de La Laguna. De estos registros estamos realizando estudios diversos.






